La gran trampa.

La gran trampa de la polarización

Con la dialéctica, siempre amanecerá un bienestar generalizado; con la polarización, se comienza a escribir la crónica de una miseria anunciada.

La polarización de la política es la gran trampa de los populismos, de uno u otro signo. El pivote virtual en torno al cual giraba la política democrática hasta hace relativamente pocos años, está siendo arrumbado por dicha trampa en la que los partidos de centro derecha y centro izquierda están cayendo también, a pesar de que a medio plazo la polarización jugará claramente en contra de su propia razón de ser. La zona de confort de los populismos es siempre la polarización de la sociedad y la corta distancia a los conflictos sociales.

Todos los populismos parten de una falaz, aunque no precisamente novedosa, premisa,: la muerte de las ideologías. La división de la sociedad entre izquierdas y derechas habría llegado a su fin y a partir de ahora nos moveríamos en un escenario polarizado entre los que están arriba, los que acumulan en sus manos gran parte de la riqueza de las sociedades, y los de abajo, los que encuentran dificultades para afrontar sus necesidades vitales a corto plazo. El centro, como espacio de encuentro de la equidad, se habría desvanecido según los populistas y la confrontación radical obligaría a los ciudadanos a elegir bando: o conmigo, o contra mí.

Los populismos rechazan que la democracia sea aún hoy el mejor sistema conocido para la organización de la sociedad y plantean de hecho alternativas autocráticas y totalitarias  como condición necesaria para implementar sus programas. El caudillaje político es otro elemento común a todos ellos. El terconacionalismo y su oposición a la globalización, forman parte de sus aspiraciones, también para los de izquierda que rompen así con la tradición internacionalista propia de la historia de los movimientos progresistas.

El uso intensivo y el abuso sin límites de las nuevas tecnologías de la comunicación es moneda común entre los populistas. Con esta herramienta han venido a paliar sobradamente la escasez cuantitativa de sus bases reales mediante la creación de ejércitos de unos hooligans virtuales en las redes sociales, los trolls.

Al igual que los fascistas de antaño, los populistas buscan acceder al poder mediante alianzas fatídicas con partidos democráticos, o mediante elecciones en las que triunfan los mensajes cargados de posverdades y de interpretaciones alternativas de la realidad. Una vez alcanzado, son reticentes a salir de él de manera democrática, la alternancia queda fuera de sus perspectivas, tal como está ocurriendo en estos momentos en los EE.UU. con Donald Trump.

Los populistas hoy no suelen renegar formalmente del sistema democrático e, incluso, hacen gala ante los electores de purismo democrático, pero su intolerancia y la falta de conteción institucional los delata, por no hablar de la violencia verbal, moneda común hacia los demás, y de las agresiones físicas a inmigrantes y homosexuales por parte de algunos de los miembros más activos de los grupos paleoconservadores.

Las políticas identitarias y las reacciones pendulares contraidentitarias, forman parte esencial del tablero de juego de los populismos y su escenario arriba y abajo, al margen de la real política de defensa de los intereses de los ciudadanos. Las migraciones, la igualdad de géneros y los derechos de los homosexuales se han constituido en campos de batalla en paralelo a la organización global de la sociedad, arrastrando a los partidos democráticos a debates que aparcan los contextos socioeconómicos en los que se producen los principales problemas identitarios.

Las brechas de riqueza han ido creciendo aceleradamente a lo largo de la última década, sin que las organizaciones políticas democráticas hayan implementado medidas eficaces para contrarrestar esta realidad incorporándola a sus programas como una de sus prioridades. Como consecuencia de ello, la demagogia populista está ganando la batalla en determinados países, tal como ocurrió en EE.UU. en 2016.

La caridad, gestionada por las jerarquías eclesiásticas, el instrumento que históricamente han utilizado los países occidentales para paliar los problemas económicos de los marginados, está agotada en su razón de ser y la sociedad exige que se practique la solidaridad como un formato más justo y equitatitvo de la sociedad civil para equilibrar los desajustes económicos que inexorablemente provoca el sistema capitalista. Para la mayoría de los movimientos populistas, la solidaridad no es un valor universal, sino que lo utilizan de manera sectaria para incrementar el ejército de sus adeptos.

La ciencia al estar demostrando con la actual pandemia que es la única que nos puede salvar de desastres generalizados, podría estar cambiando la mentalidad de muchas personas que hasta ahora confiaban más en sus mitos, lo que se traduciría, probablemente, en una mayor exigencia de eficacia y eficiencia a los gestores políticos designados por ellas. Esto plantea un nuevo reto para los partidos democráticos que deben afrontar con plena lucidez y liderazgos garantes de la eficacia de sus gestiones,  marginar a los caudillos salvapatrias que están resurgiendo en el mundo occidental. 

La alianza contra natura entre los nacionalpopulismos y el poder tecnológico debería constituir un objetivo urgente a neutralizar por parte de los partidos democráticos. Cuanto más polarizada se encuentre la sociedad, mayor probabilidad de éxito tendrán las ofertas populistas a corto plazo y el monopolio del poder sociopolítico, además del económico, por parte de las grandes tecnológicas a medio y largo plazos.

El gran reto de la democracia sería establecer unas reglas de juego que impida el monopolio del poder en manos de las Big Tech, pero sin dejar de aprovechar en beneficio de la sociedad sus conocimientos, ni impedir que continúen investigando e inmovando, con sus márgenes económicos y beneficios que les correspondiera por ello.

El proyecto, yKratos, estará en todo momento al servicio de la democracia, como una herramienta que es para coadyuvar positivamente a su actualización y su apalancamiento. La plataforma servirá para ofrecer un escenario que impulse el diálogo, de manera que la polarización deje de ser una opción a contemplar por la mayoría de los electores al encontrarse mucho mejor informados y en contacto directo y permanente con sus representantes políticos electos, directa o indirectamente, para su participación  en las decisiones que adopten las instituciones.

EMILIO A. DÍAZ BERENGUER CEO yKratos Enero 2021

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