
Hoy los actores se presentan como exclusivos y excluyentes de una opción intolerante con las demás e irrespetuosa con las instituciones al servicio de los ciudadanos
El desarrollo sostenido de las sociedades desde la aparición de la democracia generalmente ha sido mejor cuando se gobernaba desde el centro político. En España, la polarización se está imponiendo en el tablero de juego; ya nadie asume realmente la responsabilidad de un liderazgo centrista y hoy los actores se presentan como exclusivos y excluyentes de una opción intolerante con las demás e irrespetuosa con las instituciones al servicio de los ciudadanos. Los que han llegado a la cancha más tarde no sólo se han sumado a ese carro, sino que han venido levantando muros desde los que acosan a sus contrincantes.
Ni en los legislativos, ni en los ejecutivos, ni en el judicial, ni tampoco en lo que se le reconoció en su momento como el cuarto poder, y mucho menos en las superestructuras de las organizaciones políticas, se están generando ideas bombilla para su implementación a medio y largo plazos. Mires hacia donde mires, todo es barbecho, cortoplacismo y electoralismo puro y duro, incluso en una coyuntura tan dramática como la de la pandemia. Mientras la ciencia rema a favor de la solución, los responsables de organizar nuestra sociedad se tiran las vacunas a la cara, cuando no cosas peores, sin pudor, ni rubor alguno.
Pero, no nos engañemos, esto lo hemos construido entre todos, no ha surgido por generación espontánea, la raíz del problema no está en las personas que nos gobiernan, ni en las organizaciones que dicen representarnos, sino en todos y cada uno de nosotros por el modelo de sociedad del que nos hemos autodotado, el cual viene enseñando como nunca hasta ahora sus partes pudendas desde que apareció la pandemia hasta hoy mismo.
Un “bichito” ha puesto en solfa a nuestra no suficientemente bien ponderada democracia, y un régimen no precisamente democrático nos está dando sopas con honda, destacando por su exitosa estrategia de lucha contra la pandemia, adelantándose al virus y no conviviendo con él como nosotros.
La hasta el presente cabeza del imperio occidental ha tardado un año en reaccionar de manera eficaz, y al parecer eficiente, pero los europeos, a pesar de nuestra mochila cultural, continuamos discutiendo sobre si son galgos o podencos. El tsunami podría arrastrar a más de un país en los que su sociedad no reaccione a tiempo.
Hasta la propia UE podría verse superada en su lucha contra la pandemia económica ante la ausencia de una política fiscal común, que disminuirá la eficacia de las medidas de estímulo financiero acordadas hasta ahora.
En el caso de España, la degradación de la calidad de la oferta política a lo largo de las últimas dos décadas es preocupante. Los dos partidos que hasta hace poco se alternaban en el poder del ejecutivo estatal, implementan estrategias marcadas desde los despachos mercenarios de algunos spin doctor, hasta el punto de expropiar a sus militantes y simpatizantes la ceremonia suprema en la que tradicionalmente participaban activamente: los procesos y las campañas electorales.
Ocurra lo que ocurra el 4M, tras una campaña que probablemente esté siendo la de más bajo nivel político desde la transición, unos jugando a la engañiza de las emociones y otros sin llegar a comparecer, será el fracaso para una sociedad que imperiosamente necesita hoy una política eficaz y eficiente para coadyuvar al mejor despertar posible de la oscura noche que estamos viviendo e intentar disfrutar de un amanecer en el marco de un nuevo paradigma de bienestar.
Por lo que respecta a los “nuevos partidos”, hasta el presente no pasan de ser un grupo de colegas que juegan a talibaneo, e incluso uno de los tres estaría a las puertas de padecer una pronta muerte súbita. Los otros dos carecen de estructuras robustas y crecen o decrecen como organización a gran velocidad en función de los resultados electorales y siempre al servicio de un amado líder y su camarilla.
Por el ala izquierda, desde el programa a las europeas de 2014 hasta el presentado para el 4M en Madrid, ha llovido lo que no está en los escritos; los principales promotores de capitalizar el movimiento 15M, salvo uno de ellos, ya no se encuentran al frente de la organización, y la mayoría fuera de la misma. Además, han fagocitado de facto a la plataforma más representativa a la izquierda de los socialistas por un plato de lentejas y otros avíos para consumo propio del que sin duda es el líder más débil que ha tenido desde su fundación en 1986. Si Enrico Berlinguer levantara la cabeza, mostraría su perplejidad por el advenimiento a España del eurocomunismo, aunque sin comunistas.
En este target, con escisiones en varias CCAA, el futuro de la organización estatal podría depender del resultado de las próximas elecciones generales que permitiría comprobar si la coalición en el gobierno central desemboca en el abrazo del oso deseado por unos o en el sorpasso buscado afanosamente por los otros.
Finalmente, la ultraderecha española está jugando a un modelo desconocido hasta ahora, inspirado en la legislatura trumpista, en un escenario de internacionalización del paleoconservadurismo europeo como enemigo declarado de la UE, compaginando el neoliberalismo económico con una descarada autocracia política y una apuesta por un pacto fatídico de hecho con el gran poder tecnológico trasnacional.
EMILIO A. DÍAZ BERENGUER
CEO yKratos
Mayo 2021
