Entre las dos formas de salir de Afganistán, mal o muy mal, Biden habría elegido la peor; a partir de ahí, miremos más allá

EMILIO A. DÍAZ BERENGUER

Dando por sentado que en USA no existe una división de poderes entre ejecutivo, legislativo y judicial, como en la gran mayoría de las democracias occidentales, sino que allí el poder político es único y compartido entre las tres instituciones, a la hora de buscar las razones que han llevado unilateralmente al presidente estadounidense, sin consultar siquiera con sus aliados en la OTAN, a un abandono a la francesa de su presencia en Afganistán, nos estamos centrando excesivamente en la figura de Joe Biden y no en el contexto institucional y partidista de su presidencia hoy. 

El margen de maniobra de un presidente estadounidense no es tan amplio como creemos. El control que ejercen sobre sus decisiones los líderes de su partido en el Senado y en la Cámara de Representantes es notorio y en este caso no hay razones para que no lo hubiera.

Salvo error por mi parte, a lo largo de estos días tan convulsos, ni el Partido Demócrata, ni la Vicepresidenta, hoy una institución con mayor poder ejecutivo de hecho que nunca en las últimas décadas, se han pronunciado públicamente sobre dicha salida precipitada de su país de Afganistán y sus costes, salvo un tímido respaldo puntual de Harris a la decisión de Biden 

No olvidemos que los talibanes no han existido siempre, sino que son fruto de la ceguera y la incompetencia de la política exterior USA, fueron ellos los que los consolidaron gracias a su financiación para alzarlos contra la ocupación rusa de Afganistán y si Al Qaeda no se hubiera refugiado en Afganistán, la historia de los últimos veinte años de este país probablemente se habría escrito de otra manera. La política exterior USA ha sido casi siempre bastante naif en su vertiente cultural y basada esencialmente en la defensa de los intereses económicos de sus lobbies.

No encuentro razón objetiva por la que los servicios de información no conocieran con suficiente antelación que los talibanes ocuparían Kabul en cuestión de días, que no de meses, obligando así a los estadounidenses a cumplir literalmente el calendario acordado en Doha. La operación podría suponer de hecho la inmolación política de Biden en aras de su país y el último acto de generosidad de toda una vida dedicada al servicio público. Al presidente por derecho sólo le quedan en su horizonte vital sacrificios como éste cuyos beneficios los recogerán, más pronto que tarde, los demócratas a través de su leal actual Vicepresidenta. Además, tampoco le está yendo bien el cumplimiento del calendario que propuso sobre vacunaciones por el frenazo que los antivacunas y los negacionistas están provocando.

Por lógica de vida, era más que probable que Biden no alcanzara un segundo mandato, por lo que ya desde el su llegada era un pato cojo que iba a dedicar el tiempo que permaneciera en la presidencia a ponerle la alfombra roja para ocho años más a su partido y, en particular, a Kamala Harris.

Objetivamente, el acuerdo firmado para la salida de Afganistán entre Trump y los talibanes sólo se podía implementar de una de estas dos maneras: o mal, o muy mal y Biden ha optado por hacerlo fatal, a sabiendas de que podría haberlo hecho sólo mal planificando mejor la retirada, consciente de que quien se quema políticamente es el pato cojo y no su partido, ni su perla cultivada para un futuro de despegue en clave interna y de neoliderazgo del mundo tras la pandemia. 

La sorprendente gira de Kamala Harris por Singapur y Vietnam en medio de esta gran crisis tal vez esté marcando el comienzo de una nueva etapa intentando lograr adhesiones que sumen en una pronta y previsible guerra fría con China y Rusia, y la falta de voluntad de Biden para negociar el plazo previsto de la salida de Afganistán, el próximo 31 de agosto, son datos que respaldan la hipótesis de que ya se había optado por hacerlo muy mal.

Por otra parte, a nadie se le oculta que la mayoría de los líderes nacionales que han afrontado políticamente el enorme reto de gestión que ha supuesto la pandemia es altamente probable que acaben achicharrados en la hoguera de las urnas, tal como ocurrió tras las grandes guerras del siglo pasado. Incluso salir victorioso de ellas no les garantizó su continuidad y la pandemia está siendo una auténtica guerra mundial, salvo que en este caso el enemigo es invisible. Uno de los casos más paradigmáticos fue el de Winston Churchill.

Así pues, todo podría estar mucho más tasado de lo que nos están haciendo creer y poco o nada respondería a la improvisación. 

Las pasadas elecciones no llevaron a la Casa Blanca a un presidente para los próximos ocho años, como es lo habitual, sino a un tándem para al menos doce años, que en los cuatro primeros incluiría una hoja de ruta transitoria para hacer borrón y cuenta nueva con el pasado más reciente, tanto de su vertiente nacional, como de la internacional.

Tengo la impresión de que algo está acelerando ese proceso. No descartaría que el planificado relevo de Biden por Harris antes de finalizar su primer mandato se vaya a adelantar bastante sobre el calendario inicialmente previsto, ya fuera por razones de estrategia política, como por otras personales, por las que me inclino, relacionadas con algún tipo de deterioro irreversible de la salud, como,problemas de capacidad de control cognitivo del actual presidente, para evitar que el escenario desembocase en un vacío temporal de poder que diera lugar a movimientos “agresivos”, ya fuera desde la poderosa y no poco violenta facción trumpista del Partido Republicano, ya desde China para apalancar su política friendly countries, que incluye incluso a algunos países europeos, a fin de obstaculizar la viabilidad de la nueva estrategia exterior del Partido Demócrata cuyo objetivo podría ser liderar un nuevo modelo de alianza con las principales democracias occidentales, singularmente con la UE.

La geopolítica no da una respuesta directa a esta salida de Afganistán tan criticable, aunque sí en diferido. Se trataría de hacer borrón y cuenta nueva cuanto antes y para ello habría que romper como fuera con el cordón umbilical que les ligaba a un callejón sin salida en lugares como Afganistán, para comenzar a trabajar en el intento de alcanzar un nuevo equilibrio de poder a escala mundial que ralentice el imparable avance de China, lo que incluiría un new deal mucho más colaborativo y basado en la multilateralidad con los países democráticos.

Para esta nueva estrategia, Biden como líder político está amortizado y los tiempos previstos se han acelerado porque China es una máquina que no para y que cuenta con la ventaja de que ni siquiera la pandemia ha quebrado su crecimiento económico y sus avances tecnológicos. Además, el futuro inmediato tiene nombre de mujer, Kamala Harris, y eso con la ideología de género que predomina hoy en la sociedad occidental es un plus para alcanzar acuerdos colaborativos, a la vez que las personas de edad avanzada como Biden son contempladas como obsoletas en un escenario mundial intensamente tecnologizado.

Mucho ruido a beneficio de inventario, que se irá apagando conforme vaya saliendo el mayor número posible de afganos que voluntariamente lo deseen y pronto contemplaremos la presencia por las calles de Kabul de técnicos chinos para dirigir la explotación de los valiosos recursos minerales de los que generosamente dispone el país, a cambio de que los talibanes les ayuden a neutralizar los posibles apoyos de movimientos terroristas islámicos a los uigures. 

Aunque desde la óptica humana es una tragedia lo que está ocurriendo en Afganistán, si fuéramos capaces de aislar esta realidad para hacer un análisis a fondo de sus consecuencias a medio y largo plazos, como dice un amigo, si consiguiéramos dejar de llorar sobre la leche derramada lo antes posible, no compartiría el pesimismo generalizado que abate a la mayoría de los analistas, ya que al fin y al cabo este punto y aparte podría permitir que se inaugurara un nuevo tablero de juego que creara las condiciones objetivas para abordar uno de los mayores peligros al que nos enfrentamos hoy todos los ciudadanos: generar una nueva gobernanza mundial que intentara evitar que las Big Tech acaben convirtiéndose en los putos amos del planeta y que además lo hicieran mediante alianzas fatídicas con organizaciones políticas iliberales.

21.08.21

#Afganistán #USA #Talibanes #JoeBiden #KamalaHarris #China

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